sábado, 17 de enero de 2026

Renga

I
Nieva en el valle
mi pecho es bosque quieto
de enebros fríos
tu voz cae más lejos
que la nieve nocturna.

II
Bajo el portal
nadie cruza este invierno
salvo el recuerdo
de un farol vivo que
tiembla contra el viento.

III
Noche sin pasos,
el estanque está helado,
no llega el día
y eres la escarcha
que no aprende a irse. 

Asumir

Empiezo a asumir el peso de tal vez no volver a verte. Se borrará el trazo de tu olor, como se disuelve el humo en el aire frío, tarda más pero llega inevitable la desaparición, y ya nunca te encontraré entre mis ropas. Pero tus ojos, nunca. En el pecho queda una línea áspera, que dejará de sangrar y acompañará toda la vida como una cicatriz, que picará al futuro sol. Hoy nieva. Mi corazón es un enebro alto, quieto y helado. Tal vez pueda decir que llegaste tarde en la vida, pero no existe el tarde, no podía ser de otra manera. Solo existe el momento correcto, pero no por ello doliste menos. Un regalo inesperado. Horizontes abiertos a golpes de alegría, tristeza, éxtasis, y la cuota exacta de sufrimiento, según debe marca alguna ley antigua e ignota. Quizá eras el cambio que aparece cuando uno está listo. El destino no hace preguntas, simplemente te cambia la mirada. Te llamo pero solo el eco mudo del silencio responde. Queda un año entero. Caminaré con tu nombre secreto que solo yo conozco como quien guarda una brasa bajo la nieve. Un preciado tesoro que quema y duele. Y quién sabe dónde acabarán esos caminos.

lunes, 20 de octubre de 2025

Ese hombre

  Ese hombre que camina
un poco demasiado abrigado 
para el día que hace,
con sobrepeso y cabeza baja,
con un niño de una mano
y un perro de la otra,
¿en qué piensa, qué le preocupa?
¿Cuáles son sus anhelos
caídos en la tierra sorda, Octubre?

¿Tiene alguien con quien hablar
de verdad?
¿conserva siquiera esa facultad?
¿no le queda otra que vivir 
opacamente a través
de los demás, Noviembre?
¿Busca a aquel niño que se quedó
en un Diciembre ya remoto?



viernes, 3 de octubre de 2025

A to B

  There are many ways
to walk from A to B
(unless one has the misfortune
to be in a souless modern city)
but it is always best to take
the narrow streets 
and winding alleys.
 They will take me to you 
all the same,
but the going is 
much more pleasant.

domingo, 28 de septiembre de 2025

Un apunte al natural

  Está hermosa la tierra hoy
desde la ventana del tren
veo la sierra y la bruma 
besándose como novios nuevos
bajo un cielo ya gris.
 
 Parece que ya por fin
cambia la estación
y eso es algo bienvenido.

 Hacer el cambio de ropa
y el de presagios.
 Que no salga un rayo de sol ahora
y lo estropee. 
 

Tú me entiendes

  Te gusta pasear por los barrios
de tu infancia, y ver
cómo han cambiado, pero como,
en realidad, no tanto.

 Determinados elementos
siguen siendo iguales que cuando 
tú no lo eras. 
 Pequeños setos, arbustos
y arbolitos.
 La sempiterna basura,
ahí no cambiamos.

 Los mismos bloques, 
la misma geografía
inscrita a fuego en tu cabeza.
 Jamás te podrías perder en esas calles.
No se si es mejor así, o no.

 Todavía hace calor en tu ciudad,
te dices, esquivando las preparaciones
para el invierno que ya llegan 
allí donde ahora vives
(tal vez sea solo una forma de hablar).

 Una ligera contracción 
de fatiga y duda, deben ser los tiempos
que están cambiando
(apunte: no soporto a Dylan).
 
 Las raíces poco profundas no arraigan,
en cambio otras, levantan adoquines
sin que nadie las vea.
 Sobre todo en las calles viejas.
(apunte: detesto que todo haya de ser nuevo
o renovado constantemente).

 Miles de bares, ahora que ya no bebes,
aunque encontrarías fácil esa pendiente.
¿Qué hacer ahora con esas manos?
Paseas y las notas en tensión,
pulgar abierto, ¿presienten algo?

 La luz dorada bañándolo todo
en su desplome, y luego soñar perdido besos
con lengua robados en una esquina
de calle estrecha, 
donde nadie nos vea y 
cuando el sol ya se ha ido
y la luz eléctrica de los 90, 
lengua como vuelta a tierra húmeda
en procesión a un otoño de giroscopios rotos,
de escape con ojos cerrados.
 Dejamos atrás el verano y vuelven
las cosas pesadas, demasiado tangibles.
Se acelera la cosa hasta las dichosas Navidades.
 Tal vez el frio también hace que ciertas
cosas se nos aparezcan con claridad.
 Se lleva la primera lluvia 
el polvo acumulado durante la expansión estival.
 Explorar contigo una ciudad nueva
y hacer el amor en un olivar.

 Y esta cosa, este poema
no llega a ninguna parte, como ese aire
absurdo que se levanta a veces
al final de una tarde del final de Agosto.

 Pero tú me entiendes.

Tijeras

  No dejes
unas tijeras
en la sillita
que te sirve
de mesita
de noche.

 Podrías querer
dejar esperma
en el filo,
o querer saber
a qué sabe
ese acero
que ya no se
fabrica aquí.

 No dejes 
unas tijeras
a mano,
que a dios
eso no le asusta,
ni a la muerte.
 Estalla una 
bombilla a las 3
de la mañana.
 Joder, hay otras
formas de enviar
señales, ¿vale?

 No dejes
esas tijeras,
nada que cortar, 
eso en pocos años
se acaba
y las calles
seguirán ahí.
 Un supermercado
donde antes 
una hendidura 
en tu recuerdo.
 ¿Qué más da?
Nadie lo sabe.
 Infinitos los
pensamientos
como moléculas del aire,
partes por millón.

 La tijera
tal vez te sirva
para cortar un nudo,
pero no el que tienes
en la garganta.

viernes, 26 de septiembre de 2025

Tu mente

 Vuelves a la casa
y observas el recuerdo
de tu vida pasada
como una bolita espinosa
con un fruto amargo,
una de esas nueces agrias
y negruzcas.
 O una pelusa
detrás de un mueble viejo.
 
 Y mientras, toca unirse
a otra reunión en remoto.

 Pero tu mente,
tu mente
está en las calles viejas,
tu mente queriendo entrar
en los pisos con toldos azules
con balcones modestos 
a la calle adoquinada
y con naranjos pequeños,
tu mente,
las mañanas de sábado
tan perdidas como la juventud
y sus deseos, trocados ahora
en el dolor del cuerpo,
tu mente dice
los cuerpos que nunca conoceré,
y el recuerdo, 
infinito como ellos,
como los guijarros
en un cauce seco,
tu mente.

sábado, 23 de agosto de 2025

Sábado

 Amaneció hoy el día
un poco como yo.
Cansado, gris,
algo resacoso, tristón.
Sin muchas ganas de nada

Y eso que era Sábado 

La chica de la calle Jiménez Aranda

 Tuve la suerte, o no,
de cruzarme contigo por la calle.
Tu cuerpo fino, 
cara delgada,
largos brazos esbeltos con tatuajes,
caderas estrechas 
en cuyo centro
oscuro, perfumado y seguro 
jamás podré perderme.
 Un fugaz momento
que podría durar el día entero.

 Me quedé luego pensando,
yunque en el pecho, 
en como no podría nunca ser tu novio,
ese chico joven 
que te busque por la facultad. 
 Que te admire de lejos (y de cerca)
en un jardín, tras unos arcos.
 Que espere con tremor
y ligereza, 
el bus que te trae de tu mundo al mío,
como una flor renovada cada tarde.
Ese chico al que le brillan los ojos,
perdiéndose en los tuyos
¿Cuánto hace que no me brillan a mí?
 La flor vieja
mira con envidia los brotes nuevos
de la lozanía que se desarrolla
a su alrededor,
con la inevitabilidad ciega
de la naturaleza.

 Desearía llevarte de la mano
y enseñarte algunas cosas del mundo,
llevarte a un país nuevo,
coger tu mano y quizás poner en ella
un trozo de belleza que aprecies.

 Llevarte a Japón o a Atenas.
Que mi experiencia valga para algo.
Y que tu me enseñes otras cosas,
de tu vida joven, de tu cotidianeidad
aún fresca y con impulso al futuro.

 A la noche buscarnos, fundirnos
sin que importe el tiempo
ni a ti te importune todo el que ya ha pasado por mi,
ni las arrugas, sobre todo las de dentro.

 No pasearemos por la playa
jugando con nuestras huellas
antes que las olas las borren.
 Y lamer el salitre de tu cuello,
ese cuello que apretaría con firme dulzura
en el éxtasis.
 No apoyarás tu cabeza en mi hombro 
en esa escapada que no haremos.
No nos perderemos en nuestros ojos.

Me asomo ahora a la calle,
tan desierta este sábado de agosto,
aún temprano,
como si hubiera la menor
posibilidad de que fueras a pasar
por esta calle perdida.
 Solo la chicharra
está apunto de acompañarme
en cuanto arrecie el calorazo.

No podré ser tu novio, tu amante,
adorar tu cuerpo y aprenderte
y a la vez yo volver a sentirme 
como si tuviera veintipocos otra vez,
el cuerpo nuevo y la sed inexperta.
 ¿Inmaduro? tal vez. 
Me da igual.
Duele soñarlo. 
 Pero no lo voy a soltar.
Colgaré este deseo en mi cabecero,
detrás de la lamparita, 
donde solo lo vea yo.

 El respingo del corazón ya se ha pasado, 
y me queda la amargura en el rictus,
habitual, los ojos temblones,
y desmoronarme pensado que no hay otra vez.
Tan injusto, tan breve.
No second chance.
Esto no era un ensayo.
Me despisté y tampoco nadie me avisó.

 No lo puedes entender,
ni lo necesitarías tampoco, ¿para qué?
 Ese dolor de saber 
que ya nunca más habrá unos ojos
que te correspondan el deseo.
 Me habría conformado
con que hubiéramos enlazado nuestras manos
fuerte,
como si nos fuera la vida en ello.

 Obviamente tú estás muy lejos
de saber de estas estúpidas urgencias.

 Me queda hacer lo que vengo haciendo
hace ya tiempo. 
 Fotos nostálgicas a esos edificios
que fueron mi entorno hace tanto,
mucho antes que tú nacieras,
buscando la nostalgia en la calle sin gente 
y el bloque bajo con su encanto algo feo.
 Las plantas, los toldos,
el alma escurridiza de esta ciudad,
el lado de la calle donde da la sombra.

 Es el lado de la calle
donde me gustaría besarte
en un momento furtivo 
sin que la ciudad nos vea.

Esos señores

 Ya se que no soy
 ningún chaval
aunque tengo
aún brazos fuertes,
pero no como en el extrarradio.

Veo ahora a esos señores mayores,
respetables y aparentemente 
tranquilos,
con sus zapatitos
y su camisa ordenadamente
metida por el pantalón de pinzas.

Con su barra de pan
y tal vez su periódico.
o una mini-compra de jubilado
con apetito, a estas alturas, 
como de jilguero.

Y me digo,
¿esto va a ser lo que me quede?
Y encima, este
será el mejor de los casos.
Ser el viejo verde
o el viejo de Cavafis
que se duerme en el café.
Ya no es fácil elegir la cicuta.
Al parecer no se lleva
y el estado nos lo ha prohibido.
Pero igual rebelarse.
Votos de tristeza y musica 
siempre en modos menores,
y un día, cansado ya,
un corte al cuello, 
rápido y sin pensarlo mucho.
Tal vez.
No es fácil.
Igual.
eso si,
conviene ir dejando
los papeles arreglados
al lado de la bañera,
para los que se queden.

Ventanas, apostilla

Antes dije que 
desde esta ventana
poco más
se podía decir ya.

Pero me he acordado
de algo,
y es que
una de las ventajas
del insomnio
es que te asomas una noche
de verano,
asi como a las 4.20 
o lo que sea,
te asomas aburrido
por el calor 
y sin poder coger el sueño,
y de pronto,
coño,
si en el bloque de al lado
una mujer se está desvistiendo,
se despoja
de su ropa interior,
y se tumba a dormir
tan bella como desnuda.

¿La parte mala?
que apaga la luz
casi a la vez.
Que avara es la vida, eh.

Un flash que te llevas,
robado, 
sin quererlo.
No hay que despreciar
lo bello que uno se encuentra, 
especialmente 
sin haberlo pedido.
Pero, joder,
te podrías haber estirado
unos segundos más, 
que esto pasa muy rápido
y aún me queda tanto por mirar,
o por morir.


Enumeración

 A veces no se si es mejor
que se acabe ya el bendito verano
y este sinvivir de tanta belleza,
tan cercana como inasequible.

Carne, piel, vida, saliva, deseo.

Esta ventana

 Desde esta ventanas
pocas historias más 
se pueden contar.

Le daré alguna vuelta más,
lo prometo, 
pero hoy la cosa 
no da para más.

Está triste la cosa,
y se que la lata
no va a ayudar en nada, 
pero ¿qué hago si no?

jueves, 21 de agosto de 2025

Casa cerrada

 Casa cerrada
los padres ya marcharon
- verano quedo

lunes, 4 de agosto de 2025

Sol violento

 Sol violento
e indiferente
ilumina ciego el cruce desierto.

 A veces 
para escapar
lo mejor es quedarse quieto,
que sean otros los que se extenúen a la carrera.

 Agónico calor,
se oculta la memoria,
cansada de su propia insistencia
y ahora 
es el instante el que manda.

Por un segundo,
en el secarral, 
o en calles como las que
soñara febril De Chirico, 
me peso sin edad, sin herida
y con un invierno tan lejano e imposible
como aquel polo sur.

No quiero el vértigo,
ni pensar el futuro,
ni me traigas penumbras ahora.
Deja que me del el sol.
Que se me tueste la piel
como Rimbaud en Adén.
Que reviente la tarde en noche
con cuerpo de sudor.

Abandono la máscara
en una papelera cualquiera,
acartonada por haberla llevado
todo el día,
como escapulario
en la canícula.
Hágase de mi un salvaje.

Bueno, es un decir…

sábado, 2 de agosto de 2025

Jiñao

 No me atreví a dar ese salto,
(ni tantos otros)
pese a haberme raspado las rodillas
en el vano intento.

Me asustaban las alturas
y las espumas embravecidas.
Como siempre, un jiñao de la vida.
Justo lo que siempre desprecié.

Y así, hijos, es como pasan las oportunidades
y crece el amargo cardo del arrepentimiento
de larga distancia.

domingo, 18 de mayo de 2025

La casa

 En la casa que dejaron tus padres, cuando ya están aquí las tardes largas que solían presagiar el tedio
claustral, tan homogéneo y tórrido de los antiguos veranos, conservas el hábito de abrir las ventanas
cuando ya no castiga el sol directo, pero dejando la persianas lo suficientemente bajas como para hurtar cualquier mirada, especialmente la propia. Lo justo para saber que está ahí fuera la vida, el mismo cielo especial, los gritos de los vencejos en su vuelo vertiginoso, el bullicio de la gente en el bar y los niños en el parque. La luz se filtra dorada y alargada sobre el viejo gotelé, mientras intento pensar lo justo y escamotearme a mí mismo lo que es y fue oscuro y ya ha perdido su lastre con los años, ese pequeño resentimiento, vuelto ya más bien una resignación, como una de esas naranjas que se ponen duras, pensando en como las cosas podrían haber sido diferentes. Así, en cualquier caso, resultaron ser. Todo fluye, nada permanece, decía el griego, pero sí que hay cosas que nos permanecen y nos anclan. Vuelves a la casa vacía y el tintineo de las llaves en la escalera es tan familiar. Lo haces sonar siempre, por el recuerdo. El sonido de la puerta, el olor del piso y del viejo trastero. Todas estas cosas te dejarán atrás. Incluso el día que te decidas a cambiar la puerta, seguramente conservarás las llaves, para hacerlas sonar de vez en cuando y ello te transportará a una vida que te queda tan lejana como una vieja película. Hallarás en ese sonido una cierta nostalgia consoladora en el fugaz reprise de la vejez.

La calle Constantina

 La calle Constantina, 
en algún momento le cambiaron 
el sentido del tráfico.
Un recuerdo temprano, 
las casitas bajas de enfrente,
de momento resisten ahí.
Tampoco existe la ruta del 4.

La primera estacada suave 
de puesta de sol 
al pecho infantil
en el autobús de la ruta.
La calle Constantina, 
no me preguntes porqué.

A veces paso por allí, 
aunque las huellas son tan remotas ya.

Subo por Miraflores, 
que también preserva aún 
muchas casas bajas,
Santa María de Ordás, 
Calle Constantina, 
y ya pronto
llegaría a casa, 
merienda de nocilla 
y fútbol en la calle.
Fue otra vida ya, 
tan atrás.
La calle Constantina 
sigue allí.
Aunque ya 
nada 
sea, 
ni sepa, 
igual.

12 de Octubre del 92, Sevilla

 Era ya de noche, casi la hora de cenar creo.
Seguramente, era de los últimos trenes ya
al apeadero de Santa Justa.

Vimos camino de casa 
algunos de los fuegos artificiales,
solo los más altos.
Era el último día, pero yo era aun tan joven
que apenas era consciente.
Son muchos los últimos días, 
e infinitas las últimas veces de algo en la vida.

En unos días comenzaría la universidad, 
y esa plenitud del verano
ya la teníamos más que consignada al arcón 
donde se guardan los recuerdos-rescoldo.
No se si todos lo recordarán igual.
Creo que no,

No recuerdo qué pudimos ya ver 
el último día de la Expo 92.
Pero recuerdo ese camino a casa,
en cualquier otra situación, 
tan intrascendente por cotidiano.
El final de algo especial,
con algo de cansancio ya en cuerpo y alma.
Y sin ser plenamente consciente.

Ya era un tiempo que los amigos ya cada cual 
había retomado su vida con sus ritmos propios,
y nos preparábamos - no mucho, la verdad -
para iniciar caminos ligeramente diferentes.
(no tanto aún, la verdad).

La sensación apenas incipiente, no obstante,
de cierre de un capítulo vital,
Como digo, 
demasiado joven aún
para pensar estas cosas y nada listo 
para apresar centellas en campanitas de cristal.

Tuvo que haber un último giro del torno de entrada y salida.
Tuvo que haber un último girar la cabeza para ver algo,
hubo, por fuerza, de haber una última ocasión 
de todas las cosas
de aquel verano tan largo.

¿Recuerdas, padre? 
Fuimos juntos ese último día a ver echar el telón.
Haberme advertido de todo esto, padre.
Pero tu no sabías, supongo.

viernes, 16 de mayo de 2025

Como como

  Como como ese rey acabado e ido
que aparece en una de las películas
de la Trilogía del Anillo.
Muerdo un tomatito con la misma ansia
mientras hablo parco con el hueco
que ha dejado en la mesa mi padre muerto.
En la misma cocina de siempre. 

Noche

 Va refrescando la noche,
pronto pasará el último vuelo, 
procedente de Lisboa, creo.

Van recogiendo los veladores
en los dos bares de abajo.
Se resisten los últimos tragos.

Como me resisto yo, es vano igualmente,
a bajar las persianas y resignarme
a la luz eléctrica y a que la cortina
ya no me haga el numerito del fantasma
con el aire último de la tarde
en el momento más profundo azul deseo.

Hastiado

 Era ya cada vez más frecuente 
que me hallase ya hastiado de los ágapes y el ruido.
Pretensiones de camisa cara planchada y
traerán el consabido pescado cansino que todos
insistirán, unánimes, en alabar como "de los mejores",
y reservarán el parking de delante para los coches más caros.
Tentado estoy de comprar por 500 euros 
un dacia de 2008 y dejarlo en la puerta.
Me sentía mas Diógenes que nunca
y os habría escupido en la cara y la comida
si hubiera tenido los arrestos de un verdadero cínico.

The Best Thing

 The best thing in the world
is a damn fine crisp cool
Saturday morning
in which you go for a walk
without a care in the world.