Vuelves a la casa
y observas el recuerdo
de tu vida pasada
como una bolita espinosa
con un fruto amargo,
una de esas nueces agrias
y negruzcas.
O una pelusa
detrás de un mueble viejo.
Y mientras, toca unirse
a otra reunión en remoto.
Pero tu mente,
tu mente
está en las calles viejas,
tu mente queriendo entrar
en los pisos con toldos azules
con balcones modestos
a la calle adoquinada
y con naranjos pequeños,
tu mente,
las mañanas de sábado
tan perdidas como la juventud
y sus deseos, trocados ahora
en el dolor del cuerpo,
tu mente dice
los cuerpos que nunca conoceré,
y el recuerdo,
infinito como ellos,
como los guijarros
en un cauce seco,
tu mente.
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