domingo, 18 de mayo de 2025

12 de Octubre del 92, Sevilla

 Era ya de noche, casi la hora de cenar creo.
Seguramente, era de los últimos trenes ya
al apeadero de Santa Justa.

Vimos camino de casa 
algunos de los fuegos artificiales,
solo los más altos.
Era el último día, pero yo era aun tan joven
que apenas era consciente.
Son muchos los últimos días, 
e infinitas las últimas veces de algo en la vida.

En unos días comenzaría la universidad, 
y esa plenitud del verano
ya la teníamos más que consignada al arcón 
donde se guardan los recuerdos-rescoldo.
No se si todos lo recordarán igual.
Creo que no,

No recuerdo qué pudimos ya ver 
el último día de la Expo 92.
Pero recuerdo ese camino a casa,
en cualquier otra situación, 
tan intrascendente por cotidiano.
El final de algo especial,
con algo de cansancio ya en cuerpo y alma.
Y sin ser plenamente consciente.

Ya era un tiempo que los amigos ya cada cual 
había retomado su vida con sus ritmos propios,
y nos preparábamos - no mucho, la verdad -
para iniciar caminos ligeramente diferentes.
(no tanto aún, la verdad).

La sensación apenas incipiente, no obstante,
de cierre de un capítulo vital,
Como digo, 
demasiado joven aún
para pensar estas cosas y nada listo 
para apresar centellas en campanitas de cristal.

Tuvo que haber un último giro del torno de entrada y salida.
Tuvo que haber un último girar la cabeza para ver algo,
hubo, por fuerza, de haber una última ocasión 
de todas las cosas
de aquel verano tan largo.

¿Recuerdas, padre? 
Fuimos juntos ese último día a ver echar el telón.
Haberme advertido de todo esto, padre.
Pero tu no sabías, supongo.

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