sábado, 23 de agosto de 2025

Sábado

 Amaneció hoy el día
un poco como yo.
Cansado, gris,
algo resacoso, tristón.
Sin muchas ganas de nada

Y eso que era Sábado 

La chica de la calle Jiménez Aranda

 Tuve la suerte, o no,
de cruzarme contigo por la calle.
Tu cuerpo fino, 
cara delgada,
largos brazos esbeltos con tatuajes,
caderas estrechas 
en cuyo centro
oscuro, perfumado y seguro 
jamás podré perderme.
 Un fugaz momento
que podría durar el día entero.

 Me quedé luego pensando,
yunque en el pecho, 
en como no podría nunca ser tu novio,
ese chico joven 
que te busque por la facultad. 
 Que te admire de lejos (y de cerca)
en un jardín, tras unos arcos.
 Que espere con tremor
y ligereza, 
el bus que te trae de tu mundo al mío,
como una flor renovada cada tarde.
Ese chico al que le brillan los ojos,
perdiéndose en los tuyos
¿Cuánto hace que no me brillan a mí?
 La flor vieja
mira con envidia los brotes nuevos
de la lozanía que se desarrolla
a su alrededor,
con la inevitabilidad ciega
de la naturaleza.

 Desearía llevarte de la mano
y enseñarte algunas cosas del mundo,
llevarte a un país nuevo,
coger tu mano y quizás poner en ella
un trozo de belleza que aprecies.

 Llevarte a Japón o a Atenas.
Que mi experiencia valga para algo.
Y que tu me enseñes otras cosas,
de tu vida joven, de tu cotidianeidad
aún fresca y con impulso al futuro.

 A la noche buscarnos, fundirnos
sin que importe el tiempo
ni a ti te importune todo el que ya ha pasado por mi,
ni las arrugas, sobre todo las de dentro.

 No pasearemos por la playa
jugando con nuestras huellas
antes que las olas las borren.
 Y lamer el salitre de tu cuello,
ese cuello que apretaría con firme dulzura
en el éxtasis.
 No apoyarás tu cabeza en mi hombro 
en esa escapada que no haremos.
No nos perderemos en nuestros ojos.

Me asomo ahora a la calle,
tan desierta este sábado de agosto,
aún temprano,
como si hubiera la menor
posibilidad de que fueras a pasar
por esta calle perdida.
 Solo la chicharra
está apunto de acompañarme
en cuanto arrecie el calorazo.

No podré ser tu novio, tu amante,
adorar tu cuerpo y aprenderte
y a la vez yo volver a sentirme 
como si tuviera veintipocos otra vez,
el cuerpo nuevo y la sed inexperta.
 ¿Inmaduro? tal vez. 
Me da igual.
Duele soñarlo. 
 Pero no lo voy a soltar.
Colgaré este deseo en mi cabecero,
detrás de la lamparita, 
donde solo lo vea yo.

 El respingo del corazón ya se ha pasado, 
y me queda la amargura en el rictus,
habitual, los ojos temblones,
y desmoronarme pensado que no hay otra vez.
Tan injusto, tan breve.
No second chance.
Esto no era un ensayo.
Me despisté y tampoco nadie me avisó.

 No lo puedes entender,
ni lo necesitarías tampoco, ¿para qué?
 Ese dolor de saber 
que ya nunca más habrá unos ojos
que te correspondan el deseo.
 Me habría conformado
con que hubiéramos enlazado nuestras manos
fuerte,
como si nos fuera la vida en ello.

 Obviamente tú estás muy lejos
de saber de estas estúpidas urgencias.

 Me queda hacer lo que vengo haciendo
hace ya tiempo. 
 Fotos nostálgicas a esos edificios
que fueron mi entorno hace tanto,
mucho antes que tú nacieras,
buscando la nostalgia en la calle sin gente 
y el bloque bajo con su encanto algo feo.
 Las plantas, los toldos,
el alma escurridiza de esta ciudad,
el lado de la calle donde da la sombra.

 Es el lado de la calle
donde me gustaría besarte
en un momento furtivo 
sin que la ciudad nos vea.

Esos señores

 Ya se que no soy
 ningún chaval
aunque tengo
aún brazos fuertes,
pero no como en el extrarradio.

Veo ahora a esos señores mayores,
respetables y aparentemente 
tranquilos,
con sus zapatitos
y su camisa ordenadamente
metida por el pantalón de pinzas.

Con su barra de pan
y tal vez su periódico.
o una mini-compra de jubilado
con apetito, a estas alturas, 
como de jilguero.

Y me digo,
¿esto va a ser lo que me quede?
Y encima, este
será el mejor de los casos.
Ser el viejo verde
o el viejo de Cavafis
que se duerme en el café.
Ya no es fácil elegir la cicuta.
Al parecer no se lleva
y el estado nos lo ha prohibido.
Pero igual rebelarse.
Votos de tristeza y musica 
siempre en modos menores,
y un día, cansado ya,
un corte al cuello, 
rápido y sin pensarlo mucho.
Tal vez.
No es fácil.
Igual.
eso si,
conviene ir dejando
los papeles arreglados
al lado de la bañera,
para los que se queden.

Ventanas, apostilla

Antes dije que 
desde esta ventana
poco más
se podía decir ya.

Pero me he acordado
de algo,
y es que
una de las ventajas
del insomnio
es que te asomas una noche
de verano,
asi como a las 4.20 
o lo que sea,
te asomas aburrido
por el calor 
y sin poder coger el sueño,
y de pronto,
coño,
si en el bloque de al lado
una mujer se está desvistiendo,
se despoja
de su ropa interior,
y se tumba a dormir
tan bella como desnuda.

¿La parte mala?
que apaga la luz
casi a la vez.
Que avara es la vida, eh.

Un flash que te llevas,
robado, 
sin quererlo.
No hay que despreciar
lo bello que uno se encuentra, 
especialmente 
sin haberlo pedido.
Pero, joder,
te podrías haber estirado
unos segundos más, 
que esto pasa muy rápido
y aún me queda tanto por mirar,
o por morir.


Enumeración

 A veces no se si es mejor
que se acabe ya el bendito verano
y este sinvivir de tanta belleza,
tan cercana como inasequible.

Carne, piel, vida, saliva, deseo.

Esta ventana

 Desde esta ventanas
pocas historias más 
se pueden contar.

Le daré alguna vuelta más,
lo prometo, 
pero hoy la cosa 
no da para más.

Está triste la cosa,
y se que la lata
no va a ayudar en nada, 
pero ¿qué hago si no?

jueves, 21 de agosto de 2025

Casa cerrada

 Casa cerrada
los padres ya marcharon
- verano quedo

lunes, 4 de agosto de 2025

Sol violento

 Sol violento
e indiferente
ilumina ciego el cruce desierto.

 A veces 
para escapar
lo mejor es quedarse quieto,
que sean otros los que se extenúen a la carrera.

 Agónico calor,
se oculta la memoria,
cansada de su propia insistencia
y ahora 
es el instante el que manda.

Por un segundo,
en el secarral, 
o en calles como las que
soñara febril De Chirico, 
me peso sin edad, sin herida
y con un invierno tan lejano e imposible
como aquel polo sur.

No quiero el vértigo,
ni pensar el futuro,
ni me traigas penumbras ahora.
Deja que me del el sol.
Que se me tueste la piel
como Rimbaud en Adén.
Que reviente la tarde en noche
con cuerpo de sudor.

Abandono la máscara
en una papelera cualquiera,
acartonada por haberla llevado
todo el día,
como escapulario
en la canícula.
Hágase de mi un salvaje.

Bueno, es un decir…

sábado, 2 de agosto de 2025

Jiñao

 No me atreví a dar ese salto,
(ni tantos otros)
pese a haberme raspado las rodillas
en el vano intento.

Me asustaban las alturas
y las espumas embravecidas.
Como siempre, un jiñao de la vida.
Justo lo que siempre desprecié.

Y así, hijos, es como pasan las oportunidades
y crece el amargo cardo del arrepentimiento
de larga distancia.