Al principio eran apenas
unos cuantos,
arrodillados alrededor
de una bolita grisácea
de barro y excrementos
a la que toscamente habían ido
dando forma.
Al poco fueron llegando más
y según se arremolinaban
más les parecía que la bolita
crecía y adquiría el fulgor
de una verdad revelada,
reconfortante
aún sin entender la idea.
Eso atrajo a otros individuos más,
cada vez sintiéndose más fuertes
y alumbrados por esa luz
al poco fue casi ley y costumbre
admirar la ya esfera todos los días.
Solo unos cuantos
acabaron por darse la vuelta
y echar a andar alejándose
impelidos por un rechazo atávico.
el resto les miró sin comprender
y pronto volvieron la cabeza de nuevo
hacia la bola,
algunos arrojaron piedras en su dirección
aunque pronto se olvidaron
de sus ímpetus y retornaron a su letargo.
Muchos años más tarde
sus osamentas fosilizadas fueron encontradas
en torno a una esfera agrietada de piedra
sin que nadie pudiera entender el misterio.
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