domingo, 18 de marzo de 2018

2026

Me corrí calladamente,
sin cambiar la mueca,
en su piscina pija.
Tampoco hace falta sentir orgullo
en cada logro, ¿no?

Quedaban aún dos horas para
la hora punta de un día laborable.
Sentíamos que pronto nos moveríamos
y viviríamos en el borde
de un peligro siempre presente,
si no estábamos ya cómodamente instalados
y es que nos había llegado el primer recibo,
simplemente.

Llevaba mis gafas de sol reflectantes
pese a que el día era taciturno,
(esos nublados aberrantes que te quemas igual)
pero solo por oír mejor el murmullo
de la ciudad, y por un cierto sentimiento
de inseguridad propia, claro.

Me preguntaba si estábamos muertos.
Las cosas de ayer habían llegado a su fin lógico.
Ya no quedan más "escapémonos".
Ayer éramos ya cadáveres acelerados.
Puertas al desierto.
Menuda herencia.

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