jueves, 20 de julio de 2017

Arcadas del ser

Arcadas del ser,
de lo más profundo,
esperar el fuego purificador
- qué cliché -
en la caricia de un ángel
asolando la hierba ya quemada
de mis ojos
¿y retornaremos acaso?
¿quién dirige esta eucaristía
cruel, de dedos sangrientos,
dedos que han hurgado
entrañas con gesto de indiferencia?

Es noche de verano.
Me debería pertenecer por derecho propio,
o tal vez me pertenezco yo a ella,
y sin embargo, corsets artificiales
me mantienen con vida falsa
en esta ausencia de dioses griegos,
esos que sabían disfrutar de la vida.

Desde los balcones negros, veo
como marchan vírgenes pálidas,
cerúleas, yo mismo me podría dormir
aunque me quemara
la palabra en el crepúsculo 
en esta ciudad desolada,
intrascendente,
nadie oye ya las voces muertas,
no tienen cobertura, ni crédito,
no quedan rosales a los lados
de la carretera,
ni torreones sólidos con vigías
que nos den algo de tranquilidad
y nos anclen el cielo
para que tengamos un verano tranquilo.
Dicen que los viejos duermen poco y mal
porque así la tribu al dormir todos juntos
siempre hay alguien que vigila.
Pero hemos subvertido esos patrones milenarios
y nos dicen que debemos abandonar
a nuestros mayores.

Todo percepciones distorsionadas,
campanas bajo el agua,
sombras más cansadas que fatídicas,
plumaje pesado que además se moja
y te arrastra aún más a ese rio oscuro.

Te sabes ya cansado
a esta hora.
Cualquier linea que leas será errónea
si no venenosa.
Un espacio indefinido que no te es dado
poseer o mapear.
Plumas de pájaro,
nunca firmarás un cuadro de renombre
ni nunguna otra tal cosa,
pero eso no quita que tengamos sed,
que yo tenga sed,
que la fragilidad sea esencial
porque le da algo de moral a esa ruptura
entre naturaleza y cultura.






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