No fuera acaso más sencillo deglutir un cielo tan abyecto
y tan lleno de diminutos fantasmas mudos
con un vino, aunque fuera malo y agrio?
Guiar barcos fantasma a base de lunas macilentas
y aviesas puestas a mala intención.
Acaso no fuera siempre de noche en realidad?
Un idealismo tan elevado que se fundiera
con los espumarajos de keroseno de los aviones.
Nunca fue fácil decir ante una raya en el agua,
"hasta aquí", "este es el límite".
No aceptar ningún despojo más.
Ni otra herida que no tenga una historia,
un sentido elevado y no un egoísmo tan feo.
A caballo entre los caminos destelleantes de la locura.
Ojos hundidos y de blasfemia fácil.
Para un individuo con tan poca resistencia,
llama la atención la obstinación en la derrota
y la rebeldía, ennegrecida en el complejo de redentor.
Ya se ocuparon de cerrar las puertas de la percepción,
pero para otros, enloquecidos, se han cerrado las de la realidad.
martes, 13 de diciembre de 2016
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