domingo, 4 de enero de 2015

Tales eran mis miras aquellos días

Nuestras angustias giran en torno
a desolaciones, ya sean las que queremos ver
o las que queremos que nos asegure
cualquier oráculo
que no han de suceder.

La ira, maldita ira,
toda la vida sujetando esas riendas.
Todas esas caras sin sentido
del pasado, pasando, sin vínculos
al mundo de la imaginación.

¿Qué hombre no querría conocer
todos los pisos de la torre de babel?
Solo los nacidos sin tara.
Planos, lisos, sin aristas.
Estúpidos, indignos de cualquier
demonio, cualquier pneuma.

Hacer mil hazañas
y otras tantas dejarlas inconclusas,
por facilitar el trabajo
a trovadores futuros.

Polvoriento de mil caminos,
y no del tedio de una repetición
casi fúnebre en su tono.
¿No sería mucho mejor?

Siendo ecuménico,
¿por qué no hallar el Verbo
con un sexo en cada puerto?

Gritar en palacios tan vastos
que los ecos lleguen hasta edades futuras.
Tales eran mis miras aquellos días.

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