jueves, 8 de agosto de 2013
soledad canicular
te gustaba volver, cada cierto tiempo, al opresivo recuerdo de una soledad canicular, vivida en repetición varios años - por mor de un mejor recuerdo - que conociste en aquella habitación. Volvías a hojear los libros de una época, unos años, que parecen ya la vida de otro que viste desde lejos, quizás un amigo con el que perdiste ya hace tiempo el contacto. Hojeabas los libros, algunos discos, incluso fotos a veces, recordando como amaneció en ti la sospecha, posteriormente confirmada a fuego, de otros halos, otras realidades, otros calores pendientes de conocer. Mirabas luego esos tomos ya comprados en algún viaje, cuando ya empezaste a acariciar un mundo diferente con la punta de los dedos, pero solamente algunos tomos parecían tener el poder de revivir en ti ese sabor amargo tan específico como inapresable. Recuerdos de amigos que ya no cuidaste, de calles que no volverás a recorrer porque ya no te interesan tampoco, excursiones, risas y anhelos expresados con tremenda ingenuidad en los márgenes de algunos volúmenes. Una letra que casi no reconoces como tuya y una ingenuidad que te sorprende. Ahora ves que tantas cosas que creías entender en su momento, no las entendías en absoluto - como un astrónomo primitivo, un sacerdote ciego. Sólo ahora revisitando ese continuo gris es cuando parece haber un camino en ese jardín de cenizas que tan obstinadamente persiste allí para ti, a perfectas sabiendas de que tarde o temprano volverás a pasar por él, tocarás de nuevo esos arriates calcificados cumpliendo fielmente una promesa que no hiciste, pero que llevas embebida en los genes.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario