A veces querría
una vida simple,
que quepa,
como una barra de pan,
en una simple bolsa,
y se pueda llevar de la mano
a cualquier parte.
Otras veces querría,
una vida mojada,
llena de pliegues,
como un paragüas
tras una lluvia ligera,
y se pueda llevar de la mano
a cualquier parte.
A veces querría
una vida como de piel
erizada, eléctrica.
Otras, la vida fría
de un amanecer de invierno,
surcado por rastros
de aviones y luceros crápulas.
Tampoco está mal
la vida salina
de siesta pegajosa
arrullada por el mar.
Alguien debería inventar
la máquina expendedora de vidas.
martes, 28 de septiembre de 2010
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