Jóvenes pegan polvos a pelo
intentando doblegar aún más
el ya domado junco de la existencia.
La sinrazón los vigila, enamorada,
desde los arcenes del éxtasis.
Son noches de lunas llenas parejas,
deslizándose famélicas,
en rodares celestes muy venidos a menos.
Como las estrellas no se veían,
había que inventarlas,
en los resquicios que nos dejaran.
Y en esas andamos, con la vara de medir rota
y el torso prematuramente marcado.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
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