miércoles, 27 de enero de 2010

Se me escaparon los veranos
mientras despertaba una consciencia
que no conocía floreciente.

(No se conoce la elasticidad
del tiempo, hasta que se aprecian
las primeras arrugas)

Bajé navegando tímidamente
las primeras aguas,
sin ver las puertas abiertas,
las casas de las que salía música.

(Visité muelles pero
no vi los barcos zarpar.
Me fijaba en las gaviotas,
no se porqué)

Luego conocí luces en pupilas.
Tardes y noches entre semana.
Cotidianeidad que se fugaba
deliciosamente.

Nada parece quedar de aquello.
En mis manos un trozo de cristal
deslucido y algo rayado.

A veces, con la luna,
se ven reflejos de gente bailando
y otras, de sitios distantes,
y me quedo mirando.

Y claro, se me vuelve a ir el tiempo.

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