sábado, 17 de enero de 2026

Renga

I
Nieva en el valle
mi pecho es bosque quieto
de enebros fríos
tu voz cae más lejos
que la nieve nocturna.

II
Bajo el portal
nadie cruza este invierno
salvo el recuerdo
de un farol vivo que
tiembla contra el viento.

III
Noche sin pasos,
el estanque está helado,
no llega el día
y eres la escarcha
que no aprende a irse. 

Asumir

Empiezo a asumir el peso de tal vez no volver a verte. Se borrará el trazo de tu olor, como se disuelve el humo en el aire frío, tarda más pero llega inevitable la desaparición, y ya nunca te encontraré entre mis ropas. Pero tus ojos, nunca. En el pecho queda una línea áspera, que dejará de sangrar y acompañará toda la vida como una cicatriz, que picará al futuro sol. Hoy nieva. Mi corazón es un enebro alto, quieto y helado. Tal vez pueda decir que llegaste tarde en la vida, pero no existe el tarde, no podía ser de otra manera. Solo existe el momento correcto, pero no por ello doliste menos. Un regalo inesperado. Horizontes abiertos a golpes de alegría, tristeza, éxtasis, y la cuota exacta de sufrimiento, según debe marca alguna ley antigua e ignota. Quizá eras el cambio que aparece cuando uno está listo. El destino no hace preguntas, simplemente te cambia la mirada. Te llamo pero solo el eco mudo del silencio responde. Queda un año entero. Caminaré con tu nombre secreto que solo yo conozco como quien guarda una brasa bajo la nieve. Un preciado tesoro que quema y duele. Y quién sabe dónde acabarán esos caminos.