domingo, 28 de septiembre de 2025

Un apunte al natural

  Está hermosa la tierra hoy
desde la ventana del tren
veo la sierra y la bruma 
besándose como novios nuevos
bajo un cielo ya gris.
 
 Parece que ya por fin
cambia la estación
y eso es algo bienvenido.

 Hacer el cambio de ropa
y el de presagios.
 Que no salga un rayo de sol ahora
y lo estropee. 
 

Tú me entiendes

  Te gusta pasear por los barrios
de tu infancia, y ver
cómo han cambiado, pero como,
en realidad, no tanto.

 Determinados elementos
siguen siendo iguales que cuando 
tú no lo eras. 
 Pequeños setos, arbustos
y arbolitos.
 La sempiterna basura,
ahí no cambiamos.

 Los mismos bloques, 
la misma geografía
inscrita a fuego en tu cabeza.
 Jamás te podrías perder en esas calles.
No se si es mejor así, o no.

 Todavía hace calor en tu ciudad,
te dices, esquivando las preparaciones
para el invierno que ya llegan 
allí donde ahora vives
(tal vez sea solo una forma de hablar).

 Una ligera contracción 
de fatiga y duda, deben ser los tiempos
que están cambiando
(apunte: no soporto a Dylan).
 
 Las raíces poco profundas no arraigan,
en cambio otras, levantan adoquines
sin que nadie las vea.
 Sobre todo en las calles viejas.
(apunte: detesto que todo haya de ser nuevo
o renovado constantemente).

 Miles de bares, ahora que ya no bebes,
aunque encontrarías fácil esa pendiente.
¿Qué hacer ahora con esas manos?
Paseas y las notas en tensión,
pulgar abierto, ¿presienten algo?

 La luz dorada bañándolo todo
en su desplome, y luego soñar perdido besos
con lengua robados en una esquina
de calle estrecha, 
donde nadie nos vea y 
cuando el sol ya se ha ido
y la luz eléctrica de los 90, 
lengua como vuelta a tierra húmeda
en procesión a un otoño de giroscopios rotos,
de escape con ojos cerrados.
 Dejamos atrás el verano y vuelven
las cosas pesadas, demasiado tangibles.
Se acelera la cosa hasta las dichosas Navidades.
 Tal vez el frio también hace que ciertas
cosas se nos aparezcan con claridad.
 Se lleva la primera lluvia 
el polvo acumulado durante la expansión estival.
 Explorar contigo una ciudad nueva
y hacer el amor en un olivar.

 Y esta cosa, este poema
no llega a ninguna parte, como ese aire
absurdo que se levanta a veces
al final de una tarde del final de Agosto.

 Pero tú me entiendes.

Tijeras

  No dejes
unas tijeras
en la sillita
que te sirve
de mesita
de noche.

 Podrías querer
dejar esperma
en el filo,
o querer saber
a qué sabe
ese acero
que ya no se
fabrica aquí.

 No dejes 
unas tijeras
a mano,
que a dios
eso no le asusta,
ni a la muerte.
 Estalla una 
bombilla a las 3
de la mañana.
 Joder, hay otras
formas de enviar
señales, ¿vale?

 No dejes
esas tijeras,
nada que cortar, 
eso en pocos años
se acaba
y las calles
seguirán ahí.
 Un supermercado
donde antes 
una hendidura 
en tu recuerdo.
 ¿Qué más da?
Nadie lo sabe.
 Infinitos los
pensamientos
como moléculas del aire,
partes por millón.

 La tijera
tal vez te sirva
para cortar un nudo,
pero no el que tienes
en la garganta.

viernes, 26 de septiembre de 2025

Tu mente

 Vuelves a la casa
y observas el recuerdo
de tu vida pasada
como una bolita espinosa
con un fruto amargo,
una de esas nueces agrias
y negruzcas.
 O una pelusa
detrás de un mueble viejo.
 
 Y mientras, toca unirse
a otra reunión en remoto.

 Pero tu mente,
tu mente
está en las calles viejas,
tu mente queriendo entrar
en los pisos con toldos azules
con balcones modestos 
a la calle adoquinada
y con naranjos pequeños,
tu mente,
las mañanas de sábado
tan perdidas como la juventud
y sus deseos, trocados ahora
en el dolor del cuerpo,
tu mente dice
los cuerpos que nunca conoceré,
y el recuerdo, 
infinito como ellos,
como los guijarros
en un cauce seco,
tu mente.