domingo, 19 de enero de 2025

Manchas

 Tengo dentro de mí manchas de oscuridad,
como basura miscelánea que flota en la brisa sucia,
un reflujo del sabor de boca del mundo, supongo.
Esa basura que flota y se queda enredada en los arbustos
que ha puesto el Ayuntamiento, que luego
no manda a ningún operario a recogerla.
(en cuyo caso debería llamarse Sísifo/a).

Lo malo de agarrarse a un arbusto
es que no echas raíces. 
Te quedas ahí viviendo
como un millenial, sin un trabajo estable, sin casa.

En verano la muerte como que la piensas menos,
la hueles menos. 
Pero te sigue a cierta distancia.
Sobre el pavimento abrasador o en la ponzoña
de las algas suicidadas en la playa.
En cualquier momento, 
¡cuida! 
que te clava las alas 
en su atlas de entomóloga implacable.

Boca blanca disuelta, lengua de carbón,
sabor amargo y nada que destacar hoy 
en la nubes que han pasado con desgana.
El consejo no pedido nos lo traerá el trueno. 
Hazle caso, 
sobre todo, si es en un cielo sin estrellas.

No obstante, los días parece que cada vez tienen menos hilos,
se gastan y les salen bolas antes, incluso antes
de que uno haya tenido tiempo de lavarlos ni una vez.
Solo del roce.
Menuda mierda.

Expongo mi frágil cuerpo con ilusiones de titán, 
al calor de la sierra, y al frio, alternativamente.
Tomo notas. Me gusta sudar copiosamente.
Pero no encuentro el calor que realmente querría.
Palabras clave que se pierden en la arena.
Busco la soledad en el paisaje agreste
y ver el mar desde lo alto.

Todavía es joven este verano. 
Me llena de ansiedad verle crecer. 
Como si fuera un hijo, 
sabes que a la par que él crece,
tú envejeces, y, claro, te resistes. 
Es uno menos, otra vez.
Es una floración menos del limonero en el huerto,
antaño ebrio pero cada vez más reseco,
y pasa tan rápido, como si la historia se compactase.

Y la última cosa que veremos serán las luces
virando a verde y negro, 
y un viento huracanado con furia loca
arrancará todas las fresas
y moverá todas las basuras
cambiando el orden del universo,
pero no en lo esencial.

Así se llenarán los vacíos 
en todos los callejones en los que habitamos,
con basura flotante de todos los confines.
Plástico que despierta al placer del vuelo inopinado
- poder, avaricia, rechinar -
las ruinas a las que nos habíamos acostumbrado 
ya apolillándose,
descorazonadas, deshechas, 
así se caen los tenderetes y sombrajos del bazar.

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