Antes de que la luz del día acabe por perfilar banal todos los objetos con sus formas ya conocidas, encuentro sosiego y esperanza en la hora breve en la que todavía existe potencial en las sombras y las cosas de mutar en nueva revelación, de revelar una forma interior verdadera, la que se encuentra en nosotros como corriente primordial, un misterio difícilmente accesible, y que rápidamente es exiliado por la luz.
Es apenas una breve sucesión de momentos en los que el potencial del día se siente pleno, aún sabiendo que es casi ficción y enseguida normas y deberes nos colocarán sobre nuestros habituales railes y habremos de desempeñar nuestras funciones esperadas con esmero en la luz, a la vista de cualquiera.
Pero los momentos de antes del amanecer, esos son secretos, míos, o nuestros, de cualquiera que quiera prestarles la atención necesaria para participar de esa especie de culto, quizás no más que una suave forma de oración.
En el breve tiempo que me lleva cincelar estas líneas torpes ya ha acabado ese momento del día, y solo queda aguardar agazapado otra coincidencia astral entre uno mismo y la inmortalidad.
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