domingo, 4 de julio de 2021

El ángel de la guarda

La configuración más íntima de los objetos
que veo, que toco, que recuerdo, 
parece en realidad ser hecha de un eco de tristeza.
Como una corriente eléctrica agazapada
e inmemorial dentro de las cosas.

Anhelo la soledad que luego parte mi noche.

Me hace daño volver a mi ciudad y recordar sus calles
donde fui otro, tan lejano ya de mi mismo.
Y sin embargo tanto detalle trivial que recuerdo.
Tanto y tan inútil lastre para casi un desconocido
si le viera ahora por la calle.

Era el niño sensible que miraba la puesta de sol
en el autobús escolar, cabeza contra el cristal,
mientras otros jugaban o se pegaban.
Yo ya tenía una astilla en mi corazoncito.
La calle donde recuerdo claramente
como se me clavara esa astilla crepuscular 
sigue allí. 

Y el niño también sigue allí.
Vuelve con los recuerdos de los bloques bajos,
los barrios humildes, si es que se fue alguna vez.

Miraba por la ventana, las tiendas, los coches, 
la gente, la vida cotidiana. Otros niños.
¿Qué habrá sido de todos ellos? de las casitas bajas
que aun quedaban en el extrarradio...
Lo único que ha cambiado es el sentido del tráfico
y alguna via de tren que ha desaparecido.

Décadas después paso por una calle y pienso,
aquí vivía tal y allá cual...
aún recordando algunos nombres.
Seguro que ellos no dedican un segundo a nada de eso.
Hacen bien. 
De poco sirve ese atormentarse.

Algunas gamberradas que hacíamos.
Los caminos que se pueden torcer en cualquier momento.

Ahora tengo mis hijos.
El mundo está lleno de ideólogos abyectos, cainitas,
empeñados en enseñarles toda la fealdad y rencor
que detestan en su interior
y hurtarles la belleza y el goce sano, 
programados para esparcir su ponzoña como un virus,
mutando en la inevitabilidad de su genoma.

Más necesario que nunca ese ángel que te lleve de la mano,
que te enseñe la belleza de las cosas,
necesariamente simples, claras, y de las ideas limpias.

Que te haga olvidar la congoja en el pecho, 
las ganas de llorar, y te permita, como desearía,
ser un niño pequeño de nuevo que lo descubre todo
con ojos claros, con amor y sin miedos.

Y luego cae dormido sin más angustia.

Como querría hacerlo yo ahora...






No hay comentarios: