En las noches de verano
me gusta abrir las ventanas
con las persianas levantadas
apenas centímetros,
para dejar rendijas de luz
y moverme por la casa
sin verme, solo en el silencio
del exilio nocturno.
Muchos se han ido ya y otros duermen
llevándose sus ruidos a otra parte
en cualquier caso.
Quiero creer que puedo dejar de verme
de ser consciente de mi mismo
en esa semioscuridad templada,
o quizás que la oscuridad me protege
de alguna forma, una suerte
de inalcanzabilidad.
lunes, 15 de julio de 2019
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