todo se ha vuelto contra mí,
incluso ese éxtasis disperso, a trompicones, que, dicen,
emana de dios o de su nostalgia.
Estimado Sr. Director
yo ya leía augurios en la sangre de perros
cuando me suscribí a su infame panfleto,
así que no venga a pontificar.
Es un mar sin frescura...aceitoso,
lleno de tiburones agonizando con aleta cortada.
los aparatejos electrónicos son cada vez
más ligeros, como nuestra existencia es
cada vez más banal, Sr. Director.
Haga usted algo!
No se si es un eclipse permanente o son las gafas de sol,
un alma y un corazón enclenque, una alcancía triste
que ha de resonar sin parar,
en un mundo ahíto de vacío y de sangre de inocentes.
Cultivar el estiércol,
prosperidad sombría sobre fondo de carroña,
(a Otto Dix le habría gustado)
agotados en un declive primetime que no nos dice nada.
Fueron años de esperanza, de hallar fuerzas falsas
donde no existían.
Ahora solo queda el cansancio, hastío disociado
de la enfermedad que tal vez pudiera dar fuerzas
al enfermo, un amago de rebelión, pero nos empeñamos en sedarle
y darle ánimos, impidiendo su esfuerzo final, su agonía
de búsqueda, su gesto impaciente al cielo,
la blasfemia que pudiera despertar su sangre,
su quitarse la cadena de amos mediocres
que se han aprovechado de él,
las autoridades primero, los técnicos detrás.
Sin nostalgia de ese absoluto,
de esa aurora en la que renacer y vivir,
¿que le queda?
Rico rentista sentado en la oscuridad
esperando la revolución del resentimiento
que redistribuya nuestras miserias.
Ansiando la destrucción, pues la lleva en la simiente.
Frágil nido, noche sin conciencia, un perderse,
amargos fantasmas que no echarías de menos
hasta pasados otros veinte años, al menos,
y casi ni te acuerdas de aquellos amigos,
sus nombres y algunas anécdotas acuden en las
noches despiertas.
Pero poco más.
miércoles, 27 de febrero de 2019
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