Hijo de la noche sajada
viajada de verdad por vez primera,
hijo de la curva recta
con tornillos en tus piernas,
hijo del apetito oscuro
que se abre como una cueva.
Sabes que ya no quedan gigantes
y te esmeras en su búsqueda en mapas tachados,
y ninguna isla es suficientemente lejana ya
en esta época de garganta
presta al degüello, al propio martirio.
poco se puede hacer,
te quieres marcar y rajar la piel
y dar tantas cosas por sentado,
como si el arroz creciera solo
en virtud de esa misma epifanía de la acequia
que tú buscas...tú y el arroz...
hijo del barrio obrero en blanco y negro,
no me digas que no has llorado
con los dos pies juntitos en esa tierra cubierta
de túneles calientes y fríos,
has hecho espuma con los amores
que te fueron dados, antes de que se pusiera de moda
deconstruirlo todo en los restaurantes finos.
Hijo, te querían corregir y tú eras inocente,
vivían y vivías sin comprender nada, pero
¿quién realmente lo hace? las ventanas del tren
suburbano no ayudan.
¿Dónde entrever la verdad? si estabas tan vivo
que flotabas a las alturas,
incluso los domingos en las horas muertas, sedadas
de la sobremesa.
No te planteabas pactar apenas nada con el futuro,
menos aún con el pasado,
seguías como un niño viviendo en el presente,
aunque la orilla del llanto, con su arena blanca,
la hubieras dejado atrás con tanto esfuerzo.
Hijo de alas de pájaro, grito de vencejo,
Hijo con la boca llena, hijo de mil esperanzas
nunca expresadas, hijo de todo aquello que ocurre,
de lo que vemos y de lo que no,
de aquello de lo queremos hablar y,
sobre todo, de lo que no queremos discutir.
Hijo del vino discreto por el que damos gracias
a no se qué instancia superior.
Parpados derretidos en la noche del extrarradio,
suena el despertador con sabor a aluminio,
es hora de pagar alguna letra, hijo,
de abrazarte igualmente, de tragar el llanto
en el afeitado, de no plantearse los gritos silenciosos
de los monstruos de la calle,
dentro de 30 o 40 años llorarás viendo estos vídeos
y tal vez entonces lo entiendas, hijo.
Un estar y desaparecer brillantes...hijo,
piedrecitas del camino.
Escaparíamos.
domingo, 21 de mayo de 2017
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