domingo, 25 de diciembre de 2016

Son muchos los rostros en la derrota

Son muchos los rostros en la derrota,
no creas que no intenté destruirlos,
condenados a surgirse de nuevo
pálidos de ese pozo de tiza y cal
- qué van a decir los vecinos
con sus susurros estúpidos -
que es el mundo medio despierto.

En cambio vosotros, hechos del molde
indecoroso del desertor, sin espíritu ni guía
en el erial asqueroso, inentendible
la misma perenne inscripción
que no pasará a la historia,
pues el alfabeto que usáis no tiene
gracia alguna...y
es igualmente asqueroso que la lápida
de piedra barata que envía el ministerio.

...y así estáis frente a ellos, mudos más allá,
adornados con grandes alas
de magnánima envergadura, y os miran
escuálidos desde esas débiles pendientes verdes
No os importan los dioses, pero menos
les importáis vosotros a ellos, o a sus ángeles.
Sin cuidado les trae si os llueve fuego
o si bostezáis desparramados en otro amanecer estéril.

Encadenados en la hora de la partida que se cierra,
sin visiones, sin honor
contra un cielo que raya en cactus funesto,
tan áspero en el desvanecimiento doloroso...
apenas un caballo recio podría soportarlo
trinchera, esquela, escupitajo,
colchón de paja de vaca aftosa...
manos que se mueven venosas aunque ya
habían perecido mil veces en su callos crueles

No, las cosas no cambian.
Ninguno nos sentaremos en las salas doradas
de nuestros padres putativos prometidos.

Si aún no os disteis cuenta, asomaos a ver las luces
de la carretera periférica.

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