tengo nostalgias de cada par de ojos
mirando la lluvia detrás de un cristal,
nostalgia de las nieblas que recorren el mundo
acompañando a los que amanecen,
cada segundo, a sus nuevos días.
a veces las multitudes son como zarzas
y prefiero estar allí donde no entiendo la lengua,
aislarme en el misterio de la incomprensión
y el silencio ruidoso, solo conmigo
entre las gentes con la mirada perdida,
pensando en sus cosas.
nostalgia de como azulea el horizonte
cuasi infinito, ligado de cemento y del resto
de materiales del que hemos hecho el mundo.
Un río allá, un puente acá, un puerto bullente,
el tráfico atómico, unos brillos que saltan...
un mar indescifrable a lo lejos.
nostalgia de las nubes ajenas a nuestros pesares
y quehaceres.
Ser uno con la ciudad y sus andenes atestados.
más feliz perdido que encontrado en mí,
en el desasosiego constante, ¡qué vastedad!
liberado de la opresión por unos momentos,
no todo es siempre miseria, también son vidas
con sus colores.
viernes, 4 de julio de 2014
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