lunes, 2 de junio de 2014

madre, madre

madre, madre,
ahora me parece que la luz
de aquellas décadas era más certera,
cuanto más oscura debía ser para ti.

bendita ceguera para la locura
y la crueldad, genial invento que perdimos.
madre, madre,
¿para qué vinimos?
¿por qué me tiene que sajar la vida
el rojo del cielo de aquellos días?
que aún lo recuerdo...
la ruta del autobús,
las meriendas de nocilla,
el albero en los vaqueros,
las viviendas sociales todavía
con los colores de graduación,
el extrarradio sonreía con sus pocos daños,
sus ilusiones y pocos años,
antes de arrojarse a la tormenta,
cuando ésta era apenas aliento lejano.

y, madre, ¿qué me lleva a recorrer
el mismo camino?
atenazado por miedos, dime que todo,
que todo saldrá bien.

bendita inocencia.
no conocíamos otro cemento más que aquel
y era un mundo correcto en apariencia,
a pesar de su sol atosigador, pero
desconocíamos las lejanías
que habrían de amenazarnos.
desconocíamos los pesos y las medidas
que no nos eran naturales.
No sabíamos qué era una piscina.
Era el orden natural de las cosas.

todo era derecho a la vida gozosa
y no existían apenas verdades absolutas
(las que nos contaban en misa
 no contaban apenas, pues no las entendíamos
y nada nos decían).

madre, madre,
yo ya fui un niño callado y triste ¿por qué?
tan inadecuado a la violencia,
tan vulnerable a la crueldad,
ojos de gatillo fácil.
nada tengo que reprocharte a ti, madre,
ni a tu amor.
son las astillas, esquirlas insidiosas
que se fueron quedando año tras año.
me quise hacer cruel, duro,
despiadado y durante un tiempo
creo que lo conseguí.

una década perdida para tantos.
seguro que pasasteis miedo.
la calle estaba ahí y no respetaba nada.

y aún hoy, desearía volver a aquellos años,
a los primeros de todos,
al blanco y negro, a la alfombra del salón,
al 127 y a los muebles sacados
de odisea en el espacio,
cuando el futuro parecía que iba a ser distinto,
no se si más sencillo.
A ser un peso ligero en vuestros brazos,
con jersey de lana de los de aquella época,
y no tener que saber nada de este
asqueroso mundo más allá de mis juegos.

madre, quiero llorar,
aunque parece que ya no se me permite,
la soledad es muy pesada.
nadie me advirtió para esto.




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