Las gentes eran secas como los campos, y
de las ventanas de las casas abandonadas
nos sorprendía un frescor extraño
- ¿espíritus cansados, quizás? -
los suelos, campos interiores,
los únicos no agostados.
las gentes eran secas e insistían
en hacer procesiones con sus ídolos en verano,
justo cuando el calor hace aún más insoportable
el peso de cualquier credo sobre el hombre.
Las gentes eran secas y así
preferían sus pueblos y calles de cemento y cal.
No dejar resquicio a la imaginación
ni descanso a la mirada.
Lejos el mar,
lejos el sosiego y la ensoñación.
Yugo y trillo del alma.
Lejos el bullicio alegre.
Madera reseca y piedra.
Horas muertas. Nihilismo rural.
Traje de domingo.
Lejos los colores.
Siestas en la nada.
lunes, 8 de julio de 2013
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