No es tiempo de ballestas
grandilocuentes,
ni de ofrecer el pecho descamisado
al futuro incuestionable,
pensando que estamos
en el fin de la historia.
Es tiempo de fortaleza pergeñada
en lo que hay de real en tí.
Derivas de agua de noria,
cada hombre encerrado
en su horizonte inalcanzable.
Desdichado, no es para tí
el trabajo de construir paraísos.
jueves, 1 de noviembre de 2012
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