astillas de la noche, alojadas
en mi pechito nervioso.
esquirlas de la insensatez
con la que nací.
Llorar tangos ante orillas lejanas,
que ya solo existen
en nuestros recuerdos, y, quizás,
en algunas de nuestras cosas;
las que escondemos en esos cajones
que no nos acordamos de abrir.
martes, 5 de abril de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario