Vivías en el café de
la carne periférica.
A saltos moviéndote
entre el spleen y
el gesto maníaco,
paseando tus atavismos
por Europa,
tierra infausta
de tus placeres.
Aire nuevo, keroseno
y lobos hambrientos.
Y siempre fuiste incapaz
de defender con un gramo
de alma la tierra que pisabas,
pues nada te importaba
en aquel entonces.
viernes, 28 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario