Conociste la lactancia
y el amor materno
a través de una reja,
sintiendo frío y dolor.
Lo peor de la incomprensión
es el tremendo vano que se abre.
Viviste la vida
como un pasillo angosto
con monstruos.
Siempre era de noche
y el sol no existía.
Tampoco la hierba o los árboles.
En su lugar, heridas,
tumores, bocas llagadas.
Te quitaron todo,
y nunca supiste porqué.
Si tú eras puro,
si tú solo tenías amor
y belleza.
Si tu ser era frágil,
incapaz de daño.
Y te premiaron con miedo.
Miedo que no te dejaba dormir.
Aullidos.
Si hubieras podido llorar
o morir a voluntad,
que duda cabe,
lo habrías hecho.
jueves, 20 de mayo de 2010
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