Las voces e himnos figurados
nos recuerdan que vivimos
tiempos sin honor alguno.
Hemos vendido hasta la renuncia.
Un pizzicato angustiado
es la nana que nos mece
inapelable.
Volverán las consignas
oscuras y encallecidas,
mercuriales, agoreras,
despertando del letargo
a los profetas de la sangre.
No queremos ver las espadas
que afilan cerca de nuestras casas.
En las noches claras
se ven los fulgores de las fraguas,
feroces, fagocitadoras,
fundamentales.
Abre tu corazón a la feroz y
fragante herida del coraje.
Esta vez es de verdad,
la persistencia lo es todo.
La guerra es decisiva.
viernes, 5 de febrero de 2010
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