Ojos de graffiti tiemblan y tiritan
el amanecer de una nueva ética
bajo el sodio hiriente y brillante.
Magia zodiacal conjurada
en cualquier paso elevado.
Me otorgo el papel de visionario,
lúcido por catalizadores,
enhiesto en la barandilla,
el cuello, violento, y
la sangre como corteza de abedul
en un bosque mucho más denso
que el cemento.
Los lugares a los que viajo
cada noche, cada día que laboro,
incrementan el tonelaje de mi carga,
la oscuridad en un millón de vidas.
Intentos de trazar carreteras negras
con las luces de freno del alma.
Ebrio con el humo.
martes, 23 de febrero de 2010
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