Se acercan como dragones de Komodo
pero tan inofensivos como crisantemos
bajo el telón monzónico.
Pura fachada, al modo de arquitecturas
abortadas en papel.
Escasamente carnales,
todo lengua pegajosa y vil.
Sus gargantas cauces de balidos
estériles aunque hirientes.
Dicen los guardas del parque
que lo mejor es mantener la calma
y no tirarles piedras cuando copulen.
lunes, 4 de enero de 2010
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