Aun atormentado por el éxtasis,
ebrio con el pesar venidero,
me acuesto sabiendo
que Marte me espera ahí fuera,
temible como un padre bebedor.
¿Dónde la mano suave?
La confrontación interior,
el pulido revelador de la palabra,
asma de madrugada que se hace
hálito congelado
en el vidrio de la ventana.
Dormirse pensando en sombras,
el legado de las décadas
desprovistas y hambrientas.
jueves, 7 de enero de 2010
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