Retazos de una vida colonial,
alcanforada y provincial,
que se diluye como un sonido de fuente
que quedase encerrado
en el cajón de las herramientas.
Ventanas que quizás no existan,
que se diluyen en la mañana
como el sudor de un sueño lánguido.
Qué tristeza que te fueras
cuando aún no te habías presentado,
huyendo entre los rosales
y los deseos.
domingo, 6 de septiembre de 2009
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