tras los confines del valle umbrío.
Sombra que se sabe sin verse
más allá de la última piedra de la aldea.
Donde solo los muchachos se atreven
con tren y fusil y
olor de heno y pino en el pelo
y el pueblo en el pecho
antes del rescoldo del desamor
y el desamparo otoñal del pastor.

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