Sombra eléctrica canta caos,
aún a oscuras, el susurro asfixiado
que se resiste a parar.
Se oxidan las semanas,
comisiones de ventas,
la enfermedad
es el tedio en cáliz de corazones
que se abren en simas.
El goyesco salivazo de la memoria,
eso que vuelve una y otra vez aunque
lo queríamos desterrado en la noche
atávica hambrienta de pan y carne
que nos pariera con dolor
de cielo roto.
El alma se desplaza en vertical,
como un cadáver dócil,
como un cadáver dócil,
que quiere rellenar ese formulario
en fecha y forma.
Nos la suda mientras reímos, podridos,
con los dientes llenos de luz azul,ni siquiera escupimos la hostia,
fermenta entre encías de una lengua
que olvidó su latín,
hinchándose como algo dejado en la cuneta,
y sangramos algo que no entendemos,
regusto a lo que mordimos antes de saber.
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