Hay millonarios
que se compran islas
y luego van poco,
seguramente las olvidan.
Y digo yo,
que hay dueños de bares
que son propietarios ya
de islas en la lluvia oscura,
con sus náufragos recurrentes,
esos que ya le han cogido
el gusto a ahogarse
en vasos y copas
y afloran a la playa
una y otra vez.
El dueño del bar
les conoce a todos,
pero no puede mover la isla,
ni llevarles a otra parte,
mucho menos abandonar,
eso lo último.