jueves, 8 de julio de 2010

Sueños podridos

Tiznados de ámbar sucio,
acuden al eco más tenaz,
desconchados
por la decepción constante
de un pasado revelado inmaleable.

Qué soberbio desconocimiento
del dolor y el alma humana.
Qué pequeños y ridículos
en la carcoma de su odio.

Qué prodigio de cabriolas
imagina cada uno de ellos,
refulgentes como gemas
lamidas por el mar.
Esmeraldas sangrientas.